A white plate topped with pasta and bacon

HISTORIAS QUE SE COMEN

La pasta Alfredo di Berta

6/14/20262 min read

Nonna Berta

Mi abuela materna se llamaba Albertina Regina.

Pero para todos era simplemente Berta y para mi: "nonna Berta"

Nunca fue una gran cocinera.

Había nacido en una familia de agricultores y era la décima de doce hermanos. Mientras los hombres se dedicaba al campo, unas de las mujeres de la casa aprendían recetas, ella se ocupaba de los animales. Aquella era su contribución a la economía familiar.

Por eso los fogones nunca fueron su punto fuerte.

No le gustaba cocinar.

Lo hacía porque había que alimentar a la familia.

Y, siendo sincero, tampoco se complicaba demasiado.

Pocas recetas para toda la semana

Aprendió dos recetas y con ellas organizó buena parte de su vida.

Los lunes, miércoles y viernes preparaba sopa de judías.

Los martes y jueves, pasta con mantequilla y parmesano.

Los sábados tomaba el relevo mi madre.

La receta más sencilla del mundo

Durante años pensé que aquella pasta era simplemente eso: unos espaguetis cocidos, una nuez de mantequilla y una generosa lluvia de parmesano rallado.

Nada más.

Ni cremas sedosas.

Ni técnicas secretas.

Con catorce años heredé los fogones de mi abuela y aquella receta desapareció poco a poco de mi repertorio.

Hasta que un día volvió.

La pasta della nonna

Me encontraba cansado, sin ganas de cocinar y con pocas ideas. Preparé aquella pasta para Clara casi pidiéndole disculpas por la falta de inspiración.

Pero ocurrió algo inesperado.

Le encantó.

Tanto que terminó convirtiéndose en uno de sus platos favoritos.

Eso sí, hice una pequeña concesión a los tiempos modernos.

Dejé que la mantequilla abrazara la pasta, añadí una buena cantidad de parmesano y un pequeño cucharón de agua de cocción para crear una crema ligera y brillante.

La receta de nonna Berta se había adaptado al siglo XXI.

Y fue entonces cuando descubrí algo que me dejó sorprendido.

Aquella humilde pasta con mantequilla y parmesano tenía una historia.

O quizá una leyenda.

Según cuentan, un restaurador romano llamado Alfredo Di Lelio creó a principios del siglo XX un plato de pasta con mantequilla y parmesano para ayudar a recuperar fuerzas a su esposa después del parto. A la pobre mujer no le sentaba bien ninguna plato.

Alfredo introdujo en su restaurante esta receta. La receta se convirtió en un éxito mundial gracias a dos famosos actores de Hollywood de la época, Mary Pickford y Douglas Fairbanks, que la probaron en Roma mientras estaban durante su luna de miel.

Hoy en día, el Fettuccine Alfredo original, difiere bastante de la versión italoamericana, que suele incluir nata (crema de leche), pollo o ajo. La versión clásica sigue emulsionando el agua de cocción de la pasta, la mantequilla y el queso para crear una salsa cremosa de forma natural

No sé cuánto hay de verdad y cuánto de leyenda en esa historia.

Pero me gusta pensar que, sin saberlo, nonna Berta llevaba décadas cocinando una pequeña versión de aquel plato romano.

Y quizá esa sea la enseñanza más bonita.

Porque algunas recetas nacen en restaurantes famosos.

Pero solo se convierten en recuerdos cuando entran en una casa.

Y en la mía, durante muchos años, la pasta Alfredo tuvo el rostro de nonna Berta.

Porque al final…

Las recetas cambian.
Las cantidades se olvidan.
Incluso los sabores se transforman con el tiempo.

Pero hay olores que permanecen para siempre.

La única regla sigue siendo la misma:

La pasta:
Ni dura
Ni pasada.
Siempre al dente.